Es cierto que una de las causas que ha hecho que hayamos llegado hasta este punto es el descontento provocado por la crisis económica. Sin embargo, no es la principal causa de este fenómeno. La crisis y la austeridad son tan solo los factores que han hecho que esta gran burbuja estalle. Y gracias a que no es el único elemento podemos observar grandes diferencias de fondo y forma entre los partidos ultras del norte de Europa que se han renovado por completo y los tradicionales del Este.
Tras analizar lo ocurrido en Grecia y en Hungría a lo largo de estos últimos meses se puede observar como la ultraderecha sigue siendo más que tradicional. A pesar de que sus líderes nieguen el Holocausto, no renuncian a la violencia y es que la mayoría de estos partidos tienen relaciones con grupos conflictivos como la conocida Guardia Húngara, encargada de castigar a determinados colectivos como los inmigrantes, los judíos o los gitanos. Algo similar a lo que está ocurriendo a día de hoy en Francia. En el caso del país heleno, la crisis si ha sido un factor decisivo para el desarrollo de la ultraderecha.

Por su parte, a pesar de que Austria sea caracterizado por ser uno de los estados con una de las tasas de desempleo más bajas de la UE, es uno de los países que más presencia de partidos de ultraderecha tienen en su Parlamento y es que los dos partidos de dicha ideología sumaron más del 28 % de los sufragios en las últimas elecciones. Mientras tanto, países como España, Grecia, Portugal e Irlanda donde la crisis ha jugado una mala pasada no poseen ningún partido ultraderechista fuerte, excepto Grecia. En definitiva, Europa vive episodios cada vez más complicados de los que se puede sacar una única conclusión: la democracia europea no está viviendo su mejor momento.






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